BARNEVELD
CAPÍTULO 1: EMPEZAR DE CERO
BARNEVELD, HOLANDA

EXT. / CEMENTERIO / DÍA
Es un día gris y lluvioso en Barneveld, una bella localidad
de alrededor de cincuenta mil habitantes situada en el interior de Holanda, a
unos cien kilómetros de la capital, Amsterdam. En el campo santo se celebra el
funeral y entierro por el alma de Hans Muink, el marido de Giselle. Al sepelio
asisten su viuda y su hija Paula, así como la familia de Giselle, sus padres
Gerard y Sofie, su hermano Frederick y su mejor amiga Rebekka. Ante decenas de
personas el féretro desciende a tierra lentamente mientras Giselle y su hija
lloran desconsoladas. Dos enterradores van terminando de realizar su labor.
Giselle: ¿Por qué la vida es tan injusta, papá, por qué?
Hans tenía un futuro por delante, acabábamos de alquilar una casa, tenía un
nuevo trabajo… Y ahora, todo se acabó, todo.
Gerard: Cálmate hija, yo sé que es muy duro por lo que tanto
la niña como tú están pasando pero tienes que ser fuerte por Paula. Ella te
necesita ahora más que nunca.
Sofie: Tu padre tiene razón Giselle, tienes que seguir
adelante.
Giselle: Maldito accidente… ¡Maldito, maldito y mil veces
maldito!! Si no hubiera tomado el coche como yo le dije. (En lágrimas) Estaba
lloviendo mucho ayer, se lo dije… y como siempre, nunca me hacía caso…
Paula: No llores mamá… (Se abraza a Giselle)
Rebekka: Tranquila, amiga, tienes que ser fuerte, haz caso a
tu madre. (Sonríe triste)
Giselle: Lo sé, Rebekka pero… me siento hundida. Sola…
Sofie: No estás sola hija, nos tienes a nosotros, a tu
familia.
Frederick: ¿Han pensado lo que les dijimos? Deberían
quedarse a vivir con nosotros aquí en Barneveld, hermanita, en la granja hay
sitio para ustedes de sobra.
Giselle: Lo sé, pero será algo temporal, mientras encuentro
trabajo y busco alguna casa para vivir. No quiero ser una molestia en casa,
hermano.
Gerard: No digas tonterías. La niña y tú jamás molestarían
en casa. Escúchame hija… Ahora es mejor que Paula y tú vivan con nosotros, el
tiempo dirá.
Sofie: Vámonos. Está arreciando la lluvia, cariño. Ven con
la abuela. (Tomando de la mano a Paula, con ellas también se va Gerard)
Paula: Hace frío, abuelito.
Gerard: Enseguida estaremos en casa. La abuela les ha
preparado un cuarto en la planta de arriba para ustedes dos. Esperamos les
guste.
Sofie: Allí dormía tu mamá cuando era como tú. (Sonríe)
Giselle: Dios mío… Hans… ¿Qué vamos a hacer ahora sin ti, mi
amor? ¿Qué va a ser de nosotras? (Llorando)
Frederick: Vamos, Giselle. Papá y mamá ya se han marchado a
por el coche con Paula.
INT. / FÁBRICA DE QUESOS BRUNNER, DESPACHO DE ALBERT / DÍA

A las afueras de Barneveld, en una importante fábrica de
queso de la localidad, Albert, el gerente de compras, conversa con su esposa y
a la vez empleada de la empresa, Marlene. Ella de pie, frente a su escritorio,
él sentado a su mesa revisando unos documentos.
Marlene: Ay mi amor, deberíamos tomarnos unas vacaciones.
Estoy harta de tanto trabajar y trabajar…
Albert: Ahora no puedo tomarme unas vacaciones, mi amor,
tengo mucho trabajo. Hay mucho que hacer en la fábrica. Tenemos un gran pedido
que enviar la semana que viene a Estados Unidos y…
Marlene: Sólo piensas en el trabajo y en la dichosa fábrica
de queso, nunca tienes tiempo para mí.
Albert: Eso no es verdad y lo sabes… Es más. Me dijiste que
querías ser madre y ya estamos en ello.
Marlene: Si pues si apenas me tocas, no sé como me voy a
quedar embarazada como no sea como la Virgen María… (Con sarcasmo)
Albert: Marlene, por favor… (Se levanta de la silla y se
acerca a ella, la abraza) Te prometo que después de navidad nos iremos unos
días a España, a las islas Canarias. ¿Te parece? (Sonríe) Allá dicen que
siempre hace buen tiempo.
Marlene: ¿De veras, mi amor? ¿Lo prometes?
Albert: Lo prometo…
Marlene: Ay, quisiera conocer Tenerife, me han dicho que es
una isla preciosa.
Albert: Pues a Tenerife… donde tu quieras. (Se besan) Te
amo.
Marlene: Y yo a ti mi vida… (Sonríe falsa pensando: Si
supieras que me casé contigo por la fábrica y el dinero de tu madre…)
GRANJA WOLDMAN

INT. / CASA, COCINA / DÍA
Ya es por la tarde. En la cocina, Giselle y su hija Paula
conversan con Gerard, Sofie y Frederick.
Sofie: ¿Quieren comer algo? Imagino tendrán hambre.
Giselle: No mamá, gracias. No tengo apetito.
Paula: Yo si abuela. ¿Podría tomar un vaso de leche con
galletas?
Sofie: Claro cariño, lo que quieras, ahora mismo te lo
preparo.
Gerard: Bueno, tu hermano y yo nos vamos, tenemos trabajo en
la granja. Es hora de ordeñar las vacas.
Frederick: Papá, mañana viene el veterinario a lo de las
vacunas. Dijo que estaría aquí sobre las once de la mañana.
Paula: Tío Frederick. ¿Puedo ir luego a ver los terneritos?
(Sonríe)
Frederick: Claro, princesa. Mira, es más ven conmigo ahora y
te enseño. Ayer nacieron dos terneritas más bonitas… Son gemelas.
Paula: ¿En serio? (Sonríe) ¡Ya quiero verlas!!! ¿Y cuantas
vacas tienen, tío Frederick?
Frederick: Unas… ciento treinta.
Paula: ¡Hala, cuantas!!! (Ilusionada)
Mientras Paula, Frederick y Gerard salen de la casa, Sofie
se queda preparando la merienda de su
nieta. Giselle mira por la ventana, la lluvia sigue sin dejar de caer incesantemente
sobre los verdes campos holandeses. Estamos en otoño y el clima es fresco y
desapacible estos días pero por la mente de Giselle se suceden los pensamientos
de soledad y tristeza por la pérdida de su marido.
Sofie: ¿En qué piensas, hija? Estás muy callada.
Giselle: A Hans le encantaba este lugar, el pueblo, la
gente, el paisaje, todo… No sé si sea capaz de volver a vivir aquí sin él,
mamá.
Sofie: Necesitas tiempo para recuperarte, el tiempo lo cura
todo. Te prepararé una taza de café bien caliente. Siéntate cariño, pon la tele
si quieres mientras.
INT. / CASA DE JOHAN, DORMITORIO / DÍA

En casa de Johan, el alcalde del pueblo, Marlene está con él
en la cama después de haber hecho el amor. La villana le acaricia el torso
mientras Johan enciende un cigarrillo.
Johan: ¿Entonces el idiota de Albert sigue sin sospechar
nada de lo nuestro, preciosa?
Marlene: Nada, mi amor. No te preocupes, puedes estar
tranquilo por eso.
Johan: Sigo sin entender como puedes seguir casada con él
sólo por su dinero, por la dichosa fábrica.
Marlene: Pero a quien amo es a ti, y lo sabes, Johan. (Se
besan)
Johan: Sólo digo… pero en fin, tú sabrás lo que haces. ¿Qué
hay de la vieja?
Marlene: Eveline y yo somos grandes amigas, jamás
desconfiaría de mí, para ella soy su intachable y ecudadísima nuera.
Johan: Jajaja. Veo que tus dotes de actriz han surtido
efecto con la suegra.
Marlene: Esa momia tiene mucho dinero y el día que estire la
pata yo será la dueña de la fábrica y de toda su fortuna. Pero para ello
necesito tener un hijo de Albert.
Johan: ¿Un hijo? ¿Albert y tú planean tener un bebé?
Marlene: Albert es estéril, no puede tener hijos. Esta
mañana llegaron los resultados de unos exámenes que se hizo la semana pasada en
una clínica de Amsterdam, pero destruí esos papeles.
Johan: ¿Qué? ¿No puede tener hijos?
Marlene: No, así que tú vas a ser el padre de mi hijo,
piénsalo, si me quedo embarazada el bebé sería algún día heredero de la fábrica
y de la casa de la vieja.
Johan: Bien pensado… Será mejor que nos pongamos a practicar
más entonces. (Se besan)
Marlene: Jajaja. Sabía que te encantaría la idea, Johan.
(Ambos siguen besándose y vuelven a tener relaciones sexuales)
INT. / CASA BRUNNER, COMEDOR / NOCHE

Sentados al a mesa, Albert y su madre, doña Eveline,
degustan de la cena mientras son atendidos por la criada, una mujer mulata de
unos sesenta años de edad.
Eveline: ¿Dónde está Marlene, hijo? Creí que tu esposa nos
acompañaría a cenar.
Albert: Marlene me dijo que iba a salir de compras con una
amiga y que llegaría tarde. Creo que han ido a un centro comercial y luego al
cine.
Eveline: Deberías haberla acompañado tú. No me gusta que la
tengas tan abandonada, Albert. Una cosa es que te tomes en serio el trabajo en
la fábrica y otra que…
Albert: Mamá, por favor, no empieces otra vez con lo mismo.
Cuando papá murió le prometí que yo personalmente llevaría el negocio y no
pienso dejar que la empresa se vaya a pique por andar por ahí perdiendo el
tiempo en diversiones estúpidas.
Eveline: Está bien Albert pero yo solamente digo que… Bueno,
si realmente quieren tener ese bebé pues… deberían pasar más tiempo juntos,
salir, viajar… disfrutar de la vida, hijo.
Albert: No quiero hablar más del tema, mamá. Mañana tengo
que madrugar, tengo una reunión muy importante con unos compradores de
Portugal. Con permiso. (Terminando de cenar, se marcha)
Eveline: Qué carácter… ¿Qué mosca le habrá picado hoy?
INT. / CASA BRUNNER, DORMITORIO DE ALBERT Y MARLENE / NOCHE
Albert está llorando sentado en su cama, el chico tiene
entre sus manos un papel, una copia que el médico de la clínica de Amsterdam le
envió por email esa misma tarde. En ella Albert ha descubierto que es estéril y
que no puede tener hijos biológicos. Albert se derrumba llorando en la soledad
de su dormitorio.
Albert: Dios mío… ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Nunca voy a poder
ser padre, nunca… ¿Cómo le voy a decir esto a Marlene… a mi madre? Esto no me
puede estar pasando… no… (Llorando)
Acto seguido nuestro protagonista guarda el papel al fondo
de un cajón de su mesilla de noche, bajo docenas de calcetines. Albert se
levanta de la cama y va al cuarto de baño para ducharse y ponerse el pijama. Su
esposa Marlene llega a la casa y entra en la habitación.
Marlene: ¿Albert, mi amor? Ya estoy en casa, siento haber
tardado tanto pero la película duró hasta las tantas y… ¿Albert?
Desde el baño se escucha la voz de su marido.
Albert: Estoy en el baño, enseguida salgo, mi amor.
Marlene: Está bien, mi vida. Voy a cambiarme y a acostarme,
estoy agotada. (Se quita los pendientes mirándose a un espejo)
Albert: OK.
AL DÍA SIGUIENTE
GRANJA WOLDMAN

INT. / CASA, HABITACIÓN DE PAULA / DÍA
Es sábado. De mañana temprano, Paula se despierta y abre la
ventana de la habitación. La niña observa el paisaje. Hace sol, la reciente
lluvia aún brilla en los verdes prados y en los campos de maíz forrajero. Desde
la ventana del piso de arriba de la bonita casa, Paula ve como su abuelo Gerard
y su tío Frederick trabajan en la granja.
Mientras Gerard termina de limpiar
con una manguera de agua el patio anexo a la sala de ordeño, Frederick carga
con la pala del tractor unas pacas de ensilado de pasto para alimentar a los
novillos y las vacas. El día a día de una granja lechera holandesa. La niña
sonríe apoyada en el alféizar de la ventana. En ese momento, en la otra cama
del cuarto, su madre Giselle se despierta aún somnolienta.
Paula: Buenos días, mami. (Sonríe dulce)
Giselle: Buenos días… ¿Qué haces con la ventana abierta?
Hace fresco, cariño.
Paula: Nada, admirando el paisaje. Me encanta esto, es tan
bonito, nada que ver con Rotterdam.
Giselle: La verdad que sí, mi amor. (Se asoma con ella a la
ventana) Es precioso… A tu papá le encantaba este pueblo. ¿Sabes? El vivía en
aquella granja de allí, la ves… Aquella a lo lejos. (Le indica con la mano)
Paula: ¿Y qué pasó con ella, ya no era suya?
Giselle: Tus abuelos murieron cuando él tenía veinticinco
años, no pudo pagar las deudas de su padre y tuvo que venderla pero siempre
echó de menos la vida aquí. De hecho aquí fue donde nos conocimos. Creo que
nunca te lo había contado.
Paula: Le echo mucho de menos… (Triste)
Giselle: Yo también mi vida… Ven, vamos a asearnos y a bajar
a desayunar. A todo esto… ¿Qué hora es?
Paula: Casi las diez.
Giselle: ¿Quéee? Ay Dios mío… ¡Tú abuela me va a matar!!
Paula: Jajaja.
Madre e hija van al cuarto de baño a toda prisa. En ese
momento un halo de luz blanca aparece en la soledad del cuarto, escuchamos música
incidental, frente a un gran espejo de pared comienza a reflejarse dicha luz.
Son segundos de tensión e intriga, la luz comienza a tomar forma, una forma
humana.
En instantes se aprecia la silueta de un hombre vestido
totalmente de blanco. Y finalmente, en el reflejo del espejo se ve su rostro.
Es Hans (Actuación especial: Jesse Lee Soffer) el difunto marido de Giselle que
ha vuelto del más allá por el túnel de luz en forma de espíritu errante.

Hans sonríe y vuelve a esfumarse en su halo de luz. Su alma aún permanece en la Tierra. ¿Pero por qué?
Hans sonríe y vuelve a esfumarse en su halo de luz. Su alma aún permanece en la Tierra. ¿Pero por qué?
EXT. / GALLINERO / DÍA
Sofie está recogiendo los huevos del gallinero, en ese
momento se le acerca su marido Gerard.
Gerard: Frederick y yo vamos a atender al veterinario.
Cualquier cosa estamos en los corrales de atrás. (Se marcha)
Sofie: Ok, Gerard. Yo voy para la casa, imagino que Giselle
y la niña ya estarán despiertas. (Se va)
INT. / CASA, COCINA / DÍA
Giselle y su madre están hablando.
Sofie: Hoy es sábado, hija. ¿Vas a llevar currículums a
Barneveld?
Giselle: Necesito encontrar pronto un empleo, Paula y yo no
queremos ser una carga.
Sofie: No digas tonterías. Está bien, si quieres ir a buscar
trabajo ve, yo me ocupo de cuidar a la niña, no te preocupes por eso.
Giselle: Tomaré el coche de papá. ¿No le importará verdad?
Sofie: No, tu ve tranquila. Ojalá tengas suerte. (Sonríe)
Giselle: Volveré para la hora de la comida. Hasta luego.
(Tomando su bolso se va)
INT. / FÁBRICA DE QUESOS BRUNNER, DESPACHO DE ALBERT / DÍA
Albert y su amigo Johan están conversando sobre futuras
ventas. Ambos charlan mientras se toman un par de tazas de café sentados frente
a frente, escritorio por medio.
Johan: El envío a Nueva York sale el puerto de Rotterdam el
próximo viernes, Albert.
Albert: Perfecto, eso ya está listo. Ahora hay otra
importante venta a los chinos. Quieren cincuenta mil quesos Gouda, ochenta mil
Edam y veinte mil de otras variedades. El pedido debe salir para China antes de
navidad.
Johan: Veo que las cosas van bien, mejor que nunca, diría
yo.
Albert: Somos la empresa quesera más importante de la región.
Mi madre quiere abrir otra delegación en Groningen el año que viene.
Johan: Oye, cambiando de tema… ¿Cómo van Marlene y tú con lo
del bebé? Tu esposa me lo ha comentado esta mañana en las oficinas.
Albert: Pues… pues… ahí vamos… ¿Por qué? (Nervioso)
Johan: Bueno, ya hace tiempo que llevan queriendo tener
hijos y nada que llegan. ¿Qué te han dicho en la clínica? ¿Ya te dieron los
análisis?
Albert: No, aún no, pero estoy seguro que todo estará bien.
Oye. ¿Te apetece si quedamos más tarde a comer para ultimar los detalles sobre
lo de China?
Johan: Está bien, a la una en el restaurante italiano de la Calle
Deventer. ¿Te parece bien?
Albert: Perfecto…
Johan: Debo irme, tengo trabajo. Voy a supervisar las
nóminas, hoy es día de paga a los empleados de la fábrica. (Se marcha)
Albert: Nos vemos más tarde, Johan.
Poco después Albert sigue trabajando mirando a la pantalla
de su laptop, sentado a su mesa. Nuestro protagonista revisa facturas, ventas de
queso, yogures… compras de leche a los ganaderos de la zona, etc… En ese
momento tocan a la puerta.
Albert: Adelante…
En ese instante la puerta del despacho se abre y entra una joven
muy guapa y bien vestida, Giselle. Albert alza la vista de la pantalla de su
laptop y la ve. Ella sonríe dulce.
Giselle: Bue… buenos días. Disculpe que le moleste pero…
bueno yo…
Albert: ¿Quién es usted? ¿Qué desea?
Giselle: Soy amiga de Rebekka, su secretaria. Ella me dijo
que estaban buscando empleados para la fábrica y vine a dejar mi currículum por
si les interese.
Albert: Está bien, déjelo sobre mi mesa. (Sigue mirando al
laptop y tecleando datos)
Giselle: Puedo hacer cualquier trabajo, administrativa,
secretaria, contable… Estudie Administración de empresas en la universidad pero
hace tiempo que no ejerzo.
Albert: OK… (Sigue trabajando, sin mirarla)
Giselle: Y bueno… este… el caso es que necesito encontrar
trabajo pronto. Mi esposo murió recientemente y mi hija y yo…
Albert: Disculpe pero tengo mucho trabajo, cuando pueda
revisaré su currículum y si surge alguna vacante acorde a su perfil, le prometo
que la llamaremos. ¿Sí? (Sonríe mirándola ahora)
Giselle: Pue.. puedo hacer cualquier cosa, incluso trabajar
en fábrica haciendo queso, mantequilla, yogures… lo que sea, de verdad.
Albert: Ok… disculpe, no quiero parecer grosero pero es que
tengo mucho trabajo y… Bueno… ¿Usted me entiende, verdad?
Giselle: Sí, sí, lo siento, que tonta soy… perdone. Bueno
pues ahí le dejo mi currículum, muchas gracias señor…
Albert:
Brunner, Albert Brunner. (Sonríe amable)
Giselle: Encantada de conocerle señor Brunner, me llamo
Giselle. (Sonríe) Bueno pues ya me voy, con… con permiso. (Se marcha cerrando
la puerta tras de si)
Albert: Que mujer tan rara… (Sonríe y sigue su trabajo en el
laptop)
EXT. / FÁBRICA DE QUESOS BRUNNER, PARKING / DÍA
Giselle sube a su coche, bueno el coche prestado por su
padre Gerard, y seguidamente arranca el vehículo. La joven gira el volante
hacia la derecha para salir de su plaza de aparcamiento rumbo a la carretera,
justo en ese momento viene de frente otro coche rojo, más elegante y bonito que
el suyo, conducido por nada más y nada menos que Marlene.
Ambas mujeres están a
punto de chocar. Giselle pisa bruscamente el freno, Marlene hace lo mismo y
baja del auto visiblemente indignada, furiosa y malhumorada. La villana se
acerca al coche de Giselle.
Marlene: ¿Se puede saber que te pasa, estúpida? ¿Qué estás
ciega o qué, imbécil? Yo tenía preferencia.
Giselle: Disculpe, no la vi. ¿Está usted bien, señorita?
Marlene: ¡Señora! Y sí, estoy bien, gracias a Dios pero
podría haber ocurrido una tragedia. A ver si miras por donde vas, cegata.
Giselle: ¡Bueno ya basta! Le he aguantado dos insultos pero
ya el tercero hasta aquí llegamos. (Se baja del coche)
Marlene: Deberían quitarte el permiso de conducir, eres un
peligro público. ¡Cegata, que no ves tres en un burro!
Giselle: Mira, no sé como te llames pero como vuelvas a
ofenderme de esa manera me vas a conocer, te lo advierto.
Marlene: Ay mira como tiemblo… Escúchame bien estúpida, no
tienes ni idea de con quién estás hablando. Soy Marlene Brunner, la mujer del
dueño de esta empresa.
Giselle: ¿Es usted esposa del señor Albert? No me lo puedo
creer… pobre hombre, con razón se le ve tan seco y enfrascado en su trabajo.
Marlene: ¿Y se puede saber de que demonios conoces tú a mi
marido, descarada?
Giselle: ¿Yo? De nada, querida, acabo de dejar un currículum
en esta empresa pero vamos, que si voy a tener que aguantar estiradas que se
creen marquesas pues casi que mejor no me interesa el empleo.
Marlene: ¿A quién llamas marquesa estirada, estúpida? Mira,
me estás colmando la paciencia, te lo advierto.
Giselle: Ah claro, muy bonito, yo me tengo que aguantar que
aquí la señora me insulte cuanto le de la gana pero no me puedo defender. Mira,
Marlene Brunner, o como sea que te llames, eres una pedante, una soberbia y una
creída.
Marlene: ¡Cállate!! (La pega una brutal y sonora bofetada
que la cruza la cara)
Giselle: ¡Ahhh!!! (Con una mano en la mejilla) ¿Pero como te
atreves?
Marlene: Eso para que aprendes a respetar, desgraciada… Te
juro por Dios que como te vuelva a ver por esta empresa…
En ese instante aparece en el parking Albert.
Albert: ¿Se puede saber que demonios está ocurriendo aquí,
Marlene? (Mirando a las dos mujeres)
Tanto Marlene como Giselle se quedan mudas sin saber qué
decir, avergonzadas por la incómoda situación. Albert las observa como pidiendo
explicaciones.
Albert: ¿Qué, no me van a contestar ninguna de las dos?
Giselle: Aquí la maleducada de su esposa que se atrevió a
insultarme y hasta darme una bofetada la muy…
Marlene: ¡Cállate, desgraciada, cállate! Te di lo que te
merecías por ofenderme como lo hiciste, estúpida. Y más te vale te alejes de mi
marido si no quieres que te saque los ojos, descarada. ¡Fuera!
Giselle: Definitivamente eres una bruja sin escoba…
En ese momento Marlene trata de volver a sacudir a Giselle
pero inexpicablemente su brazo es sujetado por una fuerza sobrenatural
completamente invisible. Marlene se queda totalmente aterrorizada, Giselle y
Albert la miran en silencio, con gesto de sorpresa.
Marlene: No… no puedo mover el brazo… (Asustada)
Y es que el espíritu de Hans ha tomado del brazo a Marlene
para impedir la agresión. Solamente nosotros, el público podemos verle.
Hans se
convierte así en una especie de ángel de la guarda para Giselle. Escuchamos
música incidental. El espíritu sonríe y suelta a Marlene, la joven, aterrada
sale corriendo hacia su coche. Albert va tras ella. Giselle les mira sin
entender lo sucedido en esta serie, una historia sobrenatural.
CONTINUARÁ…
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